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LA FEDERACIÓN © 2004 | VII
Congreso Pamplona
nos recibió con un día radiante que resaltaba las bellezas naturales del
paisaje navarro y Javier Cejuela nos sorprendió con una bonita muestra
ferroviaria en la Sala de Exposiciones de Caja de Ahorros Municipal, con la
contribución de Renfe y los aficionados de la capital. En
autobuses urbanos se hizo un recorrido turístico por la ciudad, para terminar
en una gran recepción en la fastuosa sede de la Diputación Foral. Por
la tarde hubo sesión cinematográfica y pase de diapositivas de anteriores
congresos que agradaron muchísimo a los asistentes, la mayoría de los cuales
eran protagonistas de las proyecciones. A
continuación tuvimos una gran cena presidida por el director general de Renfe,
Alfredo Les, al que le acompañaba el comisario de Información y Relaciones Públicas,
Antonio Lago. Nos hablaron y expusieron los planes de modernización de la compañía
y todos salimos muy satisfechos de este primer contacto de alto nivel con las
primeras autoridades de la administración ferroviaria. El
viernes fue el día de la gran excursión y la gran aventura. Ter a nuestra
disposición de Pamplona a Irún. Al pasar por Beasain recibimos folletos de la
Caf y M.M.C. en compensación a la imposibilidad de visitar las factorías,
en San Sebastián la Asociación Guipuzcoana ofrece un agasajo de
confraternidad y gestiona la recepción en el Ayuntamiento con vino de honor. La
frontera estaba previsto que la pasáramos en autobús en pocos minutos, pero el
exceso de celo de la policía francesa dio al traste con todo el programa y que
la detención de una hora nos impidió enlazar con el tren previsto de ascensión
al Le Rhune. Finalmente subimos en dos grupos y el que bajó primero se encontró
con que los conductores de los autobuses se habían quedado en la cima, con lo
que tuvimos otra demora que dio la puntilla al plan de visita previsto al cambio
de ejes de Hendaya. A
todo esto, nuestro Ter esperaba en San Sebastián y para no demorar el regreso a
Pamplona, el Puesto de Mando nos autorizó a desplazarnos en un Expreso que
tomamos al asalto. Alguno se subió a la locomotora 7200 y vivió su particular
aventura. Acomodados
en el Ter, se sirvió la cena en marcha hacia Pamplona, con la alegría de
siempre y animando todos a Javier Cejuela, que se mostraba desconsolado por no
haber podido cumplir el plan tan minuciosamente preparado. Pero la cena fue tan
magníficamente servida que pronto el desajuste horario fue una anécdota más
que contar en este relato de los congresos celebrados. El
sábado, mientras los delegados se reunían en sesión de trabajo, el resto de
participantes visitaron la catedral, la famosa calle de la Estafeta, frondosas
avenidas y algún que otro comercio, reuniéndonos todos en un famoso
restaurante, donde se hizo honor a la cocina local. Por
la tarde, tren ferrobús con destino a Castejón, donde Renfe mantenía aún el
deposito de vapor en activo, con mikados, confederación y 2700 humeantes. Al
ferrobús se le da la vuelta en la placa porque era de dos coches con cabina de
conducción en un solo extremo. En
el viaje de vuelta hacemos alto en Olite y visitamos el Castillo de los Reyes de
Navarra, que conserva todo el encanto y sabor de tiempos pretéritos. Se
recorren con curiosidad pasadizos, torres, escaleras de caracol y salones
restaurados, que se han convertido en Parador Nacional y en donde se sirvió la
cena entre tapices y armaduras. Habíamos dejado atrás el vapor y casi sin
darnos cuenta nos metimos en la Edad Media. El
regreso a Pamplona se hizo en el ferrobús y a la llegada por la megafonía
escapaban las notas alegres de una jota navarra. El que denominamos congreso de
la simpatía tocaba a su fin con la nostalgia de los momentos vividos,
regresamos a nuestras casas. Los
que todavía se quedaron el domingo hicieron una excursión por lugares históricos
y religiosos de Navarra. |