|
LA FEDERACIÓN © 2004 | III
Congreso La
Asociación de Aficionados a los Ferrocarriles de Barcelona era la más antigua
de España y su experiencia, medios y número de socios la colocaban, como es lógico,
a la cabeza de la afición española. Habían tenido la deferencia de ceder el
primer año la presidencia a Madrid, por haber sido su presidente, el que
moviera con sus relaciones los hilos para hacer posible una reunión fundacional
en Zaragoza. Haciendo
honor a todas las cualidades apuntadas, tuvieron la gentileza de esperar en la
cabecera de andenes a los delegados que iban llegando en los trenes de Madrid,
Bilbao, Levante y Andalucía. Para facilitar el conocimiento llevaban una
credencial identificativa. Memorable
tarde del 27 de junio para los aficionados de Barcelona que inauguraban su nuevo
local en la segunda planta de la estación Término, e inolvidable festejo para
los congresistas del resto de España. Hubo bendición del local, discursos y
copa de vino, que saboreamos asomados a una de las ventanas que daban a los
andenes de la estación. ¡Que espectáculo desde la Asociación viendo entrar y
salir los trenes por encima del andén!. Dentro
del local, quedamos maravillados por sus dimensiones y lo que se exhibía en
vitrinas. El gran esfuerzo que hicieron los aficionados barceloneses, creemos
que se compensó con las entusiastas felicitaciones de los visitantes. Para los
aficionados de otras latitudes, lo que teníamos ante nuestros ojos era una meta
a conseguir con el tiempo. En
autobús hubo desplazamiento a la avenida del Tibidabo para el Tranvía Azul y
el funicular a la cumbre de la montaña. Para algunos era la primera vez que veíamos
Barcelona y la impresión quedó grabada para siempre. Efectuado
el descenso, otra vez en autobús, fuimos conducidos al restaurante La Pérgola
frente a las fuentes de Montjuich, donde otra vez fuimos sorprendidos con una
cena de categoría, en la que todos fuimos invitados por la Asociación
anfitriona. La
noche terminó con otra sorpresa. Recorrido nocturno por las avenidas de
Barcelona, con final en el Museo del Ejercito desde el que había una preciosa
panorámica del puerto. En
la segunda jornada se visitó primero el Puesto de Mando de Barcelona Término,
situado sobre el haz de vías de entrada. Mirador privilegiado sobre las
instalaciones ferroviarias, en el que no nos hubiera importado quedarnos todo el
día. Pero el programa de actos era tan completo que no se podía perder ni un
solo minuto, así que ocupamos plaza en una unidad eléctrica que Renfe acababa
de recibir de Suiza para los servicios de cercanías de la región catalana. La
que sería popular 600 en toda España, tenía entonces aires distinguidos pues
había composiciones con primera clase. El
viaje de demostración fue hasta San Pol del Mar, por la línea de Mataró,
alcanzando en un trayecto los 120 km/h. velocidad que en aquella época sólo
alcanzaban los contados trenes de aire acondicionado. De
vuelta otra vez a la nueva estación de cercanías, fuimos recogidos por un
autobús para llevarnos a la plaza de la Catedral, desde donde se hizo a pié un
recorrido por el barrio Gótico, terminando en el Ayuntamiento, donde además de
visitar los salones del consistorio de la ciudad, pudimos ver una exposición
sobre la futura Red de Transportes de Barcelona. En el salón de Ciento fue
ofrecida una copa de vino español. Por
la tarde hubo Junta de la Federación y a continuación nos desplazamos a Ocata,
invitados por Enrique Fatjó, que mostró magníficas maquetas de vehículos a
escala O y su estupenda instalación HO en la que nos llamó mucho la atención
el establecimiento de itinerarios por medio de las “palancas” de telefónica,
utilizadas para cambiar la comunicación a distintos terminales. Fue muy
agradable la estancia en la villa de la familia Fatjó, cuyos miembros se
desvivieron por agasajarnos. Empezó entonces una entrañable amistad con
Enrique con el que tuvimos la oportunidad de coincidir hasta su muerte en los
congresos nacionales y en el Morop, mostrándose siempre cariñoso, entendido y
servicial con la afición. De su industria gráfica salió el primer carné común
para todas las Asociaciones de España. En
la última jornada, nos dedicamos a los Ferrocarriles de Cataluña y el Metro,
haciendo un recorrido por la línea automática Orta-Vilapiscina, en una unidad
que no requería la presencia del conductor. En los fosos del taller pudimos
conocer los fundamentos de este sistema de conducción automática, que era el
primero del mundo explotado comercialmente. Terminada la visita en la estación
Virrey Amat, nos recogió un tranvía tipo “Washington” con el que se dio
una pequeña vuelta tranviaria hasta la plaza de Cataluña. De
la sesión de trabajo de este congreso salió el emblema de la Federación,
partiendo de un boceto presentado por la Asociación de Sevilla, sobre la idea
de una rueda con pestaña, sobre la unión de dos carriles, mediante brida. En
la rueda se leería “Federación Española” y debajo del carril
“Asociaciones de Amigos del Ferrocarril”. De su ejecución se encargaría
Bilbao por ostentar la presidencia en el año siguiente. En
cuanto a una publicación federativa, de momento se hizo cargo Barcelona
incluyendo a sus boletines una hoja de noticias relativas al resto de las
Asociaciones y Federación, con publicación bimensual. Ni
que decir tiene que regresamos de Barcelona contentos de lo bien que lo habíamos
pasado y felices por las nuevas amistades que venturosamente serían perdurables
con el tiempo. |