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LA FEDERACIÓN © 2004 | I
Congreso Convocados
por Juan B. Cabrera, nos reunimos en Zaragoza los representantes de las
Asociaciones que, hasta el momento, venían funcionando y que tenían como único
enlace la revista Tren Miniatura, editada en Palma de Mallorca. Barcelona y
Madrid las más veteranas, junto a Bilbao y Valencia con varios años de rodaje.
Totalmente bisoñas, pero con empuje, Sevilla y Pamplona. Del
primer encuentro recordamos a los valencianos con un distintivo rojigualda en la
solapa. A los de Madrid los conocíamos de recientes visitas por Zurbano, los días
de reunión. Los representantes de Barcelona, Bilbao y Pamplona eran totalmente
desconocidos. A
las 20.20 horas del 29 de junio de 1963, en el Ateneo Industrial y Mercantil,
nos reunimos los convocados en una sala de juntas de maderas nobles e iluminación
de incandescencia, que le daba un aire más solemne aún. El
Sr. Cabrera cito como arranque de esta Federación que pretendíamos organizar,
la fecha del 23 de mayo de 1957, con ocasión de la celebración en Madrid del
centenario de la locomotora MZA-246 en la que estuvieron presentes los
representantes de la Asociación de Madrid y Barcelona, con el Sr. Quiles,
editor de Tren Miniatura y que representaba a la recién fundada Asociación de
Valencia. Allí se convino en la necesidad de redactar unos estatutos, cosa que
hizo el Sr. Cabrera enviando copia a todos los demás para fijar enmiendas y
traer a Zaragoza el trabajo avanzado. Las
primeras discusiones giraron en torno a votos y cuotas. Barcelona decía que no
debían tener el mismo peso las Asociaciones más antiguas y con más número de
socios que las más modernas, constituidas por un reducido número de personas.
Las Asociaciones pequeñas por su parte, no estaban de acuerdo en que la
contribución a las cargas económicas fuese igual para las que tienen muchos
socios, como para las que tienen pocos. Sin
llegar a un acuerdo completo la cuestión se encauza de forma que las cargas
económicas sean en cierto modo proporcionales al número de socios para no
cargar excesivamente a las Asociaciones que cuenten con pocos. En compensación,
en cuestiones de tipo económico, las Asociaciones de mayor número de socios
tendrán mas votos. Se
suscita la conveniencia de editar un boletín de la Federación y otra vez
vuelve a polemizar por las cargas económicas que ello supone. Dada la avanzada
hora, se propone continuar después de la cena en el “hall” del Gran Hotel,
con un cambio de impresiones. Esta
reunión informal, dio lugar al enfado de la Asociación de Valencia, por un
malentendido de hora y comenzarse a tratar del boletín sin estar ellos
presentes. Con
el paso del tiempo vemos ahora que detrás de tanta discusión, algún que otro
disgusto y mucho tiempo perdido sin provecho que lo justificara, lo que subyacía
era un temor a la posible hegemonía de unos sobre otros y a no poder soportar
las cargas económicas inducidas por la Federación. Después de varios lustros
podemos ver que nada de eso ha ocurrido y se ha conseguido mantener el espíritu
inicial que propició la creación
de la Federación, que no es otro que aglutinar a las Asociaciones de Amigos del
Ferrocarril de España. Pero
no todo fueron reuniones serias en Zaragoza. Se visitó la estación de
Delicias, donde aún quedaban locomotoras de vapor. Se paseó en tranvía y
recordamos uno articulado de tres cajas, que podemos catalogarlo de precursor de
los que actualmente están apareciendo por toda Europa. En fin, visitamos la
factoría de Manufacturas Metálicas y Construcciones, antes Carde y Escoriaza,
donde en aquel momento se fabricaban los primeros coches-cama climatizados.
Aquella fue la primera visita a una industria de construcción ferroviaria y
resultó interesante y muy instructiva. Hubo
unanimidad en aprobar la propuesta de Barcelona, de que fuera el Sr. Cabrera de
Madrid el que iniciara la presidencia de la Federación y ostentara el cargo de
Delegado Permanente en la capital de España en años sucesivos. |